5 Momentos (graciosos) en los que está bien sentir pánico en el trabajo

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Como enfermeras, nos sentimos orgullosas de poder mantener la calma y la compostura incluso en las situaciones más frenéticas. Si alguien está teniendo una crisis nerviosa, un código o están sangrando por todas partes, nos mantenemos frías y hacemos lo que tenemos que hacer.

¿Cuándo deberías entonces sentir pánico? Tengo algunas respuestas.

  1. Cuando tu paciente está activamente e indiscutiblemente en llamas.

Saca el extintor pero no dudes en sentir pánico mientras lo haces.

  1. Cuando tu paciente sufre un paro cardíaco después de verse involucrado en un vertido biológico y empieza a murmurar sobre cerebros cuando recupera conciencia.

Probablemente es mejor abandonar el edificio a toda velocidad antes de que empiece a estar realmente hambriento.

  1. Cuando un paciente está de parto. Y el paciente es un hombre.

¿A quién llamas? ¿Al ginecólogo? ¿Cirugía general? ¿Al periódico de Un Mundo al Revés?

  1. Cuando tu paciente tiene los dedos de las manos y los pies largos, tiene un color grisáceo y aspecto apagado…y te das cuenta de que sus párpados son horizontales.

Los extraterrestres son una rara subespecialidad de la medicina interna general. Probablemente lo mejor sea trasladar al Sr. Gris a una instalación con mayor nivel de cuidados.

  1. Cuando te das cuenta de que la ventana está abierta y colgando de ella hay una cuerda hecha con sábanas.

Este es el momento perfecto para sentir pánico, a no ser que tu paciente fuera un auténtico grano en el culo, en cuyo caso tranquilízate. No digas nada. Cierra la puerta y sonríe.

Agatha Lellis
Agatha Lellis is a nurse whose coffee is brought to her every morning by a chipmunk. Bluebirds help her to dress, and small woodland creatures sing her to sleep each night. She writes a monthly advice column, "Ask Aunt Agatha," here on Scrubs; you can send her questions to be answered at askauntieaggie@gmail.com.

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