• Scrubs Editor
  • 5 years ago

Un día en la vida de una enfermera pediátrica

Enfermeras pediátricas, prepararos para ver vuestra vida (jornada diaria de trabajo) pasar por delante de vuestros ojos… en memes.
1. Empiezas tu rutina matutina con una taza de café y tu canal de noticias preferido…

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Pero solo un momento.

Porque en cuanto compruebas que no hay ninguna gran catástrofe a la vista, cambias al canal de dibujos animados o al Disney Channel para ponerte al día de todos los personajes que serán el centro de conversación más tarde.

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2. Ahora que te has informado bien sobre los dibujos animados más importantes, llega el momento de ponerte tu uniforme.

¿Es el día de Mickey Mouse o de los Minions?

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Al final te decides por Snoopy y llenas los bolsillos con bastantes calcomanías y pegatinas para repartirlas por docenas.

3. De camino al trabajo encuentras tu plaza de parking ocupada por un Power Ranger. La semana pasada fue Shrek.

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Recuerdas cuanto le gustan los Power Rangers a uno de tus pacientes y, de repente, estás preparada para ofrecerle también tu desayuno a este ‘robador de plazas de parking convertido en héroe’.

4. Tu día empieza. Hay un montón de marionetas de dedo comprobando “cuánto han crecido esos músculos” durante la noche, juguetes extraviados que tienes que esquivar para hacer una evaluación del paciente y animados juegos de cu-cu.

Mamá y papá (todos ellos) ven mucho esto:

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¿Puedo conservar mi corona?

Y esto:

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Pero sabes que esta locura tiene un propósito y que, entre falsos conciertos de Taylor Swift y juegos del escondite, se realiza un trabajo real e importante.

5. Por supuesto, siempre hay esos padres que se ponen nerviosos, cuestionan tus métodos y quieren hablar con un médico.

Y aunque quieres reaccionar consecuentemente…

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¿En serio?

Resistes el impulso de explicar que, en estos momentos, no hay en el hospital nadie que esté más familiarizado con sus hijos que tú, desde sus constantes vitales hasta lo que han desayunado o almorzado o cual es su episodio favorito de Dora la Exploradora.

Mientras dicho niño está agarrado a tu pierna así:

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6. Constantemente alguno de los pequeños vomita en tu uniforme y tienes que hacer como si nada.

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Pero sigues pensando que son lo más bonito que has visto, lo mismo que sientes por casi todos tus pacientes (no sabemos cómo funciona esto, pero nos parece bien).

7. Se extiende el rumor de que en la sala de descanso hay bagels. No es verdad.

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Ahora que han hecho que te acuerdes de eso llamado comida, exploras la sala de descanso buscando algo que puedas mordisquear sobre la marcha. Encuentras macarrones con queso, piruletas de manzana y café.

Piruletas y café tendrá que ser.

Después de nueve horas de turno, estás convencida de que la canción de Elmo te perseguirá en sueños. Haz clic para tuitear

8. Después de nueve horas de turno, estás convencida de que la canción de Elmo te perseguirá en sueños.

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¿Se ha acabado ya?

Pero el principal fan de la canción de Elmo tiene este aspecto:

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Y acepta las inyecciones como un campeón para que el Sr. Oso, presente para dar apoyo moral, no se enfade. Por lo que lo dejas pasar.

Más tarde cuando tu paciente obsesionado con Elmo se duerme…

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Te tomas un momento para disfrutar del silencio.

9. Ha llegado el momento de finalizar el día. Estás exhausta pero te reúnes con la próxima enfermera para darle toda la información que necesitará (y mucho más), añadiendo un poco de sabiduría:

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Haces un tipi para tus secretos, no te tapes la cara

10. De alguna manera, de camino a casa te arrastras hasta el supermercado para coger algo (¡cualquier cosa!) comestible. Determinada a reentrar en el mundo de los adultos te saltas el pasillo de las galletas Oreo y Cap’n Crunch.

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Solo tienes éxito relativamente.

Después, mientras pagas por el pollo asado, el helado de caramelo con crema de cacahuete y la botella de vino, te das cuenta de que utilizas tu voz de trabajo “cinco veces más alta de lo normal” para hablar con el cajero.

Ellos te miran así:

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Pero no importa porque cuando llegas a tu casa y empiezas a guardar la comida en la nevera, ves que está totalmente cubierta de dibujos, notas de gratitud y fotos que las familias te han enviado, algunas de hace cinco años.

Y terminas tu día sabiendo que has marcado la diferencia y que mañana volverás a hacerlo.