Los tributos de los médicos a las enfermeras en la vida real

Quizás los médicos con los que trabajas rara vez, si acaso, te muestren su aprecio. Puede que simplemente no sea su estilo, pero lo más probable es que en el fondo estén más agradecidos de lo que puedes imaginar—hacia ti, por tus habilidades de enfermería y por el valioso papel que desempeñas en el equipo de atención médica. ¿No lo crees? Estas historias, ofrecidas voluntariamente por médicos que realmente se complacen en compartirlas, seguramente borrarán cualquier duda y te mostrarán que los médicos sí aprecian a las enfermeras.

Humildad y brillantez.

“En nuestra capacitación, los médicos están tan separados del personal de enfermería de manera que realmente no apreciamos sus comentarios hasta que practicamos de forma independiente”, dice Anita Swamy, MD, endocrinóloga pediátrica y directora médica de diabetes en La Rabida Children’s Hospital en Chicago. “He aprendido mucho de las enfermeras con las que trabajo—tanto a nivel profesional como personal. Siento que en el campo de la medicina, son las personas más humildes y brillantes”.

Swamy explica que antes de su llegada a La Rabida, las enfermeras dirigían el programa de diabetes pediátrica sin un director médico y lo hacían muy bien. “Algunas han estado haciendo esto durante mucho más tiempo que yo, pero todavía vienen a pedirme consejos, aunque es probable que ya conozcan las respuestas”, dice Swamy. “Es un rasgo de personalidad increíble, y me ha enseñado a ser un poco más humilde. Y, en lo que respecta al control de la diabetes, mi conocimiento ha mejorado significativamente debido a la exposición a las enfermeras y sus formas de práctica. Cada uno de nosotros tiene un rol, y cada rol es igualmente importante”. La Dra. Swamy les agradece, Rosemary, Andrea, Anita, Cathy y Kate.

Ojos y oídos

Patricia Abboud, MD, intensivista pediátrica en el Centro Médico de Niños de Dayton en Dayton, Ohio, Estados Unidos, expresa que no puede elegir solo una historia sobre las enfermeras porque todas las personas con las que trabaja son maravillosas. Ella escribe:

Estoy muy agradecida con TODAS las enfermeras de UCI pediátricas con las que trabajo. Su nivel de habilidad, profesionalidad, empatía y compasión es excepcional. Confío en que sus evaluaciones son PRECISAS al momento de cuidar a los pacientes más críticos de nuestro hospital. En nuestra institución no tenemos asistencia interna las 24 horas del día, los siete días de la semana. Dicho esto, confío en las evaluaciones e interpretaciones que hacen las enfermeras de los pacientes cuando no puedo estar junto a ellos. A menudo me refiero a ellas como mis “ojos y oídos”.

Son un grupo muy seguro y honesto, verdaderas defensoras de los pacientes. Podemos honrar a nuestras enfermeras “internacionalmente” un día o una semana al año, pero todos los días me siento agradecida por un grupo de profesionales tan espectacular. Me facilitan la llamada y sé que mis pacientes reciben la mejor atención que puede ofrecer el Dayton Children. ¡Felicitaciones a las enfermeras de la UCIP del Centro Médico Dayton Children!

Tragedia Evitada

Un punto decimal fuera de lugar hizo que Stephen Herman, MD, profesor clínico asociado de psiquiatría del Colegio Médico Weill Cornell en la ciudad de Nueva York, se diera cuenta de por qué las buenas enfermeras son miembros invaluables de los equipos de atención médica. Él recuerda claramente el incidente:

“Había estado despierto toda la noche, de guardia, y a la mañana siguiente estaba haciendo rondas, visitando a algunos bebés muy enfermos”, explica. “Escribí una orden en una tabla para un antibiótico, pero no puse el decimal en el lugar correcto, y el personal de enfermería recibió lo que pedí, probablemente hubiéramos perdido al bebé o hubiéramos causado daños severos a sus riñones u otros órganos”.

Una enfermera en el piso se dio cuenta del error y se acercó a Herman para comunicárselo, y él corrigió la orden. “Ella me salvó”, dice él con alivio y una enorme gratitud. Añade que esto fue hace tanto tiempo que no recuerda el nombre de la enfermera, pero reconoce que situaciones como esta probablemente todavía son comunes actualmente, y que el conocimiento y la experiencia de las enfermeras pueden salvar el día.

Eficiencia en la Práctica Ambulatoria

El rol de la enfermería en un consultorio generalmente se percibe como bastante sencillo: la enfermera lleva a los pacientes a las salas de examinación, los prepara para ser atendidos, toma sus signos vitales y le dice al médico que están listos para ser vistos. Robert Rowley, MD, un médico de familia con experiencia en Hayward Family Care en el área de la Bahía de San Francisco, Estados Unidos, dice que aprecia a su enfermera porque ella va más lejos que eso.

“Ella anticipa lo que yo puedo necesitar”, explica. “Si una paciente fue recientemente dada de alta del hospital, ella obtendrá los registros del hospital porque sabe que querré verlos. Si se ordenó un análisis de sangre, ella se asegurará de que los resultados estén en la tabla. Así que las cosas que necesito están ahí, y eso es muy valioso porque no tengo que interrumpir una visita con un paciente para obtenerlas. Realmente aprecio esa enfermería ambulatoria de buena calidad”.

Tributo en Versos

Mientras estaba en una misión médica en las montañas de Perú, Michael Gallant, MD, FACS, cirujano plástico pediátrico del All Children´s Hospital en St. Petersburg, Florida, Estados Unidos, se inspiró para escribir un poema sobre enfermeras. Aunque el poema es sobre todas las enfermeras, la inspiración vino de una enfermera en particular—una enfermera que se quedó despierta toda la noche con un pequeño niño peruano que estaba teniendo dificultades para recuperarse de la anestesia.

“Eran como las nueve de la noche y estábamos sentados en la sala de recuperación, cansados”, cuenta Gallant. “Escuché este canto—el canto más hermoso y más relajante—y me di la vuelta, y era una de nuestras enfermeras de la sala de recuperación. Ella le estaba cantando al bebé que estaba cuidando. Le tomó toda la noche recuperarse de la anestesia, y la enfermera se quedó con él toda la noche, y ella básicamente le salvó la vida. A la mañana siguiente ella todavía estaba allí, y el pequeño estaba muy bien”.

“Las enfermeras que conozco”

No soy enfermera, pero mis amigas lo son.

Admiro la manera en que ven el mundo.

A través de sus ojos, existe un mundo lleno de gente con problemas y malestar,

Repleto de personas con dolencias y angustias.

Y ellas siempre comienzan haciendo la misma pregunta: ¿Cómo puedo ayudar?

 

Las enfermeras que conozco llevan al trabajo sus corazones y cerebros enfocados,

Rara vez se sientan. Casi nunca sus pies están descansados.

Sus mentes siguen activas mucho después de la mía se ha apagado.

 

Las enfermeras que conozco a veces les cantan a sus pacientes mientras vigilan sus signos vitales,

Y no se van a casa hasta que los valores de esos pacientes estén en cifras normales.

Para estas enfermeras nunca hay excusas al momento de salvarlos.

Para ellas en cada caso se puede tratar de hacer algo.

 

Las enfermeras que conozco no son santas, aunque muchas son religiosas y miran las cosas con distintas perspectivas.

Tampoco son maestras, pero me han enseñado mucho sobre las cosas que realmente importan en vida.

No son comediantes, pero hacen que ría a cada instante (casi siempre de mí mismo).

No son policías, pero logran que me comporte—al menos casi todos los días.

Hay veces en que todo se vuelve complicado.

Hay veces en que soy menos valiente y me siento asustado.

Y luego… después de un buen caso… llega un instante en el que por fin me relajo.

En ese momento, digo mi oración postoperatoria por mis enfermeras y por mí mismo:

Gracias Dios, por dejarnos hacer este trabajo.

—Michael Gallant, MD

Huánuco, Perú

Enero de 1999

(Traducción libre)