• Agatha Lellis
  • Scrubs
  • 5 years ago

5 cosas que nunca haré ahora que soy enfermera

Hemera | Thinkstock

Oh, cielos. Cuando miró hacia atrás y veo algunas de las locuras que hacía de joven, me cuesta respirar. Trabajar en un hospital especializado en cuidados neurointensivos ha supuesto un gran cambio en mi percepción de lo que es inteligente  hacer y lo que no.

Tampoco es que yo fuera muy salvaje cuando era adolescente y joven. (¡Hola mama!) Había algunas cosas que hice que recuerdo ahora con asombro.

Ahora que soy enfermera, nunca más volveré a:

1. Hacer surfing con el coche mientras mi colega intenta dispararme con un bazuca casero que dispara cosas atadas a petardos.

Podrías pensar que esto se explica por sí mismo, ¿no? Pues no.

2. Mezclar relajantes musculares, alcohol y Tylenol.

Me estremezco al pensar que hice esto en más de una ocasión, cuando estaba trabajando en la librería de la universidad. El hecho de tener que levantar tres o cuatro toneladas de libros cada día hacia que pareciera una buena idea.

3. Esquiar.
Si alguien viene y te dice, “¡Eh! ¡Quiero que te tires por esa pendiente con un par de cuchillas de fibra de vidrio en tus pies!” lo mirarás como si estuviera loco de atar. Sin embargo, si la misma persona te dice, “¡Eh! ¡Vamos a esquiar!” te encantará la idea, ¿verdad? A mí me encantaba, hasta que vi lo que puede pasarle a tu cerebro si te estampas contra un árbol.

4. Pretender que lo sé todo sobre todo.
La gente cree que porque eres una enfermera, sabes todo lo que es posible saber sobre todo, desde sellar heridas, a tubos torácicos, a recién nacidos. No es verdad. Puede que tengas unos conocimientos generales cuando sales de la escuela, pero la especialización rápidamente te priva de cualquier conocimiento que pudieras tener fuera de tu campo. Se lo digo continuamente a los médicos, “No des por hecho que sé lo que estás haciendo, ¿vale?” y es verdad.

5. Menospreciar mi salud o mi habilidad para moverme.
Cualquier día que pasas en el lado correcto del suelo es un buen día. No estoy bromeando. Si puedes levantarte, moverte, cuidar de ti mismo de manera razonable y comunicarte de alguna manera, estás muy por delante de un montón de gente a la que veo cada día. Nunca he estado tan agradecida por lo que tengo, y tan decidida a mantenerlo, como después de ver a unas cuantas personas con daño cerebral en una clínica de rehabilitación.