El chico que cambió mi vida

Como estudiante de segundo año en la Universidad Johns Hopkins, con doble especialización en Inglés e Italiano, conseguí un trabajo ayudando a cuidar a Nathaniel, un niño de seis años con necesidades especiales. Yo era una dedicada estudiante de humanidades, pero también quería ayudar a laspersonas. Tuve la sensación de que quería ser una enfermera.

Cada mañana, llegaba a la casa de Nathaniel a las 6:30 a.m. para ayudarlo a prepararse para la escuela—dándole agua y medicamentos a través de un tubo en su abdomen, ayudándolo a vestirse y alimentase, y esperando el autobús escolarcon él. Durante nuestra rutina, traté de darle espacio para ser independiente y que fuera él mismo, y le mostrara a su madrelas palabras nuevas o habilidades que iba dominando.

Ser parte del hogar de Nathaniel fue una satisfacción. Pero, incluso con su alegre disposición, su sonrisa simple y su risa salvaje, las necesidades de Nathaniel podrían ser bastante demandantes, y me asombré de cómo su familia satisfacía estas necesidades con gracia y amor. Aprendí que realmente se necesita un equipo de personas, como amigos, enfermeras, maestros y vecinos, para ayudar a una familia a enfrentar los desafíos que puede representar un niño con necesidades especiales. Cuando me convertí en parte del mundo de Nathaniel, me di cuenta de lo difícil que debe ser la vida para las familias y los niños sin esa red.

Mediante su experiencia al cuidar de Nathaniel (derecha), Emily Hoppe (izquierda) encontró su vocación —ayudar a las familias en el cuidado de sus hijos.

Las mañanas con Nathaniel se convirtieron en mi parte favorita de cada día y me inspiraron a seguir mis instintos. Me inscribí en el programa de licenciatura tradicional de la Escuela de Enfermería de la Universidad Johns Hopkins y, después de un semestre, fui aceptada en el Programa de Honores de Investigación, que asigna un mentor docente a los estudiantes universitarios para aprender sobre la investigación en enfermería y realizar un proyecto de investigación. Me agruparon con Deborah Gross, DNSc, RN, profesora y catedrática patrocinada de Stulman en Salud Mental y Enfermería Psiquiátrica.

Trabajando con ella y con Joyce Harrison, MD, directora de la Clínica de la Primera Infancia/Preescolar del Hospital Johns Hopkins, ayudé a coordinar un estudio piloto para examinar el programa de capacitación de padres dela Dra. Gross, el Programa de Padres de Chicago, como un tratamiento para familias con niños que tiene una enfermedad mental diagnosticada o un trastorno de conducta.

La Dra. Harrison y yo lideramos el grupo, utilizando videos y actividades para enseñar los principios y herramientas de crianza de ayuda para los padres a manejar el comportamiento de sus hijos mientras construyen una relación fuerte y positiva con ellos. Los padres también se enseñan unos a otros, a resolver problemas juntos y a brindar ideas y apoyo. Me ha sorprendido ver los cambios en los padres—las sonrisas abiertas, los cambios de voz—a medida que se vuelven más expertos en ayudar a sus hijos.

Este es mi segundo año en la escuela de enfermería, y el sexto año trabajando con Nathaniel y su familia. La experiencia sigue siendo significativa para mi perspectiva sobre la enfermería y la salud mental infantil.

Me alegra haber encontrado un camino que ayude a las familias a ayudar a sus hijos. Y, he aprendido uno de los placeres de trabajar en la salud de la comunidad: que la diferencia que podemos hacer en la vida de un niño también es una diferencia que podemos hacer en la vida de una familia, una comunidad y una ciudad.

Emily Hoppe es estudiante de enfermería en la Escuela de Enfermería de la Universidad Johns Hopkins.

Este artículo apareció originalmente en la edición de Verano 2011 de Johns Hopkins Nursing.Johns Hopkins University School of Nursing estáasociada con scrubsmag.com.