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El plasma sanguíneo convaleciente no es tan eficaz contra el COVID-19 como se pensaba

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Durante meses, los pacientes que padecían enfermedades graves a causa del COVID-19 han tenido algo de esperanza. Con los escasos tratamientos disponibles, algunos proveedores han estado usando plasma sanguíneo convaleciente de personas que se han recuperado del COVID-19 para tratar a quienes aún padecen la enfermedad.

En teoría, el tratamiento debería funcionar. El plasma sanguíneo convaleciente de quienes se han recuperado del virus generalmente está lleno de anticuerpos que pueden ayudar a prevenir las complicaciones graves del COVID-19. Inyectar plasma sanguíneo a pacientes gravemente enfermos debería ayudar a su sistema inmunológico a combatir la enfermedad, pero los científicos se están dando cuenta de que este tratamiento puede no ser tan bueno como parece.

Poniendo la fe en el plasma sanguíneo

Los médicos aún no tienen muchas opciones respecto a tratar el COVID-19. En los primeros días de la pandemia, la Dra. Nicole Bouvier de la Escuela de Medicina Icahn del Hospital Mount Sinai de Nueva York decidió utilizar esta técnica experimental como último recurso.

Fue la primera en obtener la aprobación de la FDA para usar plasma sanguíneo convaleciente en casos de emergencia.

Para la Dr. Bouvier, la idea tenía mucho sentido. “Tenemos esta nueva enfermedad sin ninguna terapia conocida, y el plasma convaleciente se ha utilizado en nuevas enfermedades epidémicas y pandémicas”, recuerda haber pensado en ese momento, y agregó que se utilizó durante un brote de ébola en África occidental un hace pocos años.

A medida que el virus continuaba devastando Nueva York, la Dra. Bouvier y su equipo de repente se encontraron frente a una empresa enorme. Tuvieron que convencer a los sobrevivientes de COVID-19 para que donaran su sangre en medio de una pandemia. De los 70.000 voluntarios originales, pudieron identificar a 20.000 personas con suficientes anticuerpos en sus sistemas para ser utilizados.

La Dra. Bouvier dice que trataron a más de 1.400 pacientes con plasma sanguíneo convaleciente la primavera pasada, pero no supo realmente si estaba funcionando.

Después de meses de recopilar y analizar datos, decidió que finalmente era hora de dejarlo y cortar el acceso al tratamiento experimental.

¿Qué salió mal?

Con tan pocas opciones sobre la mesa, la Dra. Bouvier dice que no fue una decisión fácil de tomar, pero que el tratamiento no les estaba haciendo mucho bien a sus pacientes.

“La gota que derramó el vaso fueron dos ensayos de cohorte muy grandes”, señala, incluido el ensayo RECOVERY en el Reino Unido, que estudió la eficacia en más de 10.000 voluntarios, pero que no encontró ningún beneficio. También citó el ensayo CONCOR-1, que estudió a casi 1.000 pacientes en Canadá, pero finalmente dejó de aceptar nuevos pacientes después de que el tratamiento no lograra mejorar su condición.

Desde que se conoció la noticia, los proveedores están perdiendo cada vez más la esperanza en el plasma sanguíneo convaleciente.

Sin embargo, el Dr. Arturo Casadevall de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins no está listo para tirar la toalla. Los ensayos mencionados anteriormente se centraron en pacientes que padecían COVID-19 en el hospital. Él cree que el plasma sanguíneo debe usarse antes en el proceso de infección para evitar que surjan enfermedades graves en primer lugar.

El Dr. Casadevall está recopilando datos a través de un nuevo ensayo clínico, pero ha sido lento. “Desde el principio aquí en Hopkins nos propusimos hacer ensayos ambulatorios. Las pruebas se establecieron en marzo de 2020, sin embargo, se necesitaron muchos meses para obtener el dinero para llevarlas a cabo”, comenta. El estudio se está preparando ahora, gracias a la financiación adicional del multimillonario Michael Bloomberg.

Pero, resulta que recolectar plasma sanguíneo de personas que se han recuperado del virus puede ser casi imposible. Estados Unidos está formado por miles de empresas y agencias diferentes. Hacer que todos trabajen juntos y compartan datos no siempre es fácil. Un año después, el estudio del Dr. Casadevall aún no ha mostrado resultados.

El Dr. Derek Angus, presidente de medicina de cuidados intensivos de la Universidad de Pittsburgh, cree que los proveedores y científicos deben tener acceso inmediato a la información clínica y del paciente para examinar los resultados en tiempo real, pero no es así como funcionan las cosas en los Estados Unidos.

“La gente puede poner los ojos en blanco y decir que es imposible, pero eso es en gran parte lo que ha hecho el Reino Unido. A pesar de nuestra capacidad en Estados Unidos, es deprimente que no podamos hacer una versión estadounidense. Nos enorgullecemos de tener un sistema independiente y muy federado. Pero es muy difícil ponernos de acuerdo para resolver problemas nacionales”, dijo el Dr. Angus.

Él cuenta que el Reino Unido utiliza un sistema de salud nacionalizado, que ayudó a los investigadores a recopilar y analizar datos de los pacientes con respecto al nuevo tratamiento. Por ejemplo, el país estableció una red de médicos de la sala de emergencias que recibieron fondos federales para probar el tratamiento en pacientes que estaban lo suficientemente enfermos como para estar en el hospital, pero lo suficientemente sanos como para irse a casa después.

“Deberíamos haber podido hacer esto tan rápido como lo hicieron en el Reino Unido. Fue un proceso mucho más lento de aplicar”, señala el Dr. Kevin Schulman de la Universidad de Stanford.

Por ahora, el plasma sanguíneo convaleciente parece estar estancado en la fase de ensayo clínico, al menos cuando se trata de COVID-19. Hasta que los proveedores puedan identificar a un grupo específico de personas que se beneficiarán del tratamiento, no estará disponible en el corto plazo.

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