• Marijke Durning
  • Scrubs
  • 4 years ago

Irritantes hábitos de trabajo que debes evitar (o ¡podrías perder tu trabajo!)

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Muchas de nosotras hemos trabajado alguna vez con esa enfermera que todos creemos que no debería estar en plantilla. Ella es la que está causando todos los problemas en la unidad con su actitud o su trabajo, o más bien el trabajo que no hace.

Pero no siempre es “la otra enfermera”. Algunas veces… algunas veces somos nosotros, pero no siempre lo vemos.
¿Eres culpable de tener alguno de los siguientes malos hábitos en el trabajo?

1. Llegar a trabajar tarde, turno tras turno tras turno…

A menos que estés de guardia, sabes perfectamente cuándo debes estar en el trabajo. Es cuando tu jefe espera que estés allí y es cuando tus compañeros y pacientes te necesitan allí. Aunque hay algunas profesiones que son más flexibles con la puntualidad, la enfermería no es una de ellas.

Aunque todo el mundo entiende que existen los contratiempos, tu coche se estropea, la alarma no suena, estos deberían ocurrir solo alguna vez. Las enfermeras que llegan repetidamente tarde al trabajo rompen el ritmo de la unidad y, con el paso del tiempo, el coordinador puede no aceptar ese comportamiento.

¿La cura para la tardanza crónica? Identifica qué es lo que hace que llegues tarde. ¿Se te pegan las sábanas constantemente? Intenta desarrollar rutinas para despertarte más temprano y salir de la cama. ¿Es el desplazamiento la causa (el horario del autobús, el tráfico)? Entonces tendrás que salir antes de tu casa. ¿Es la guardería el problema? Si eso no se puede solucionar, a lo mejor puedes hablar con la enfermera coordinadora y hacer ajustes en tu horario. Cueste lo que cueste, si valoras tu trabajo, esto debe cortarse en seco.

2. Llevar siempre la contraria o ser la voz de la discordia

Todas las unidades tienen una de estas: la enfermera que discutirá contigo si dices que el cielo es azul o dirá que la izquierda es la derecha y arriba es abajo. Algunas personas disfrutan con esto y con los “debates” que provocan. A menudo esta persona es la misma que no estará de acuerdo con ninguna de las nuevas ideas o programas, o lo que es peor, estará de acuerdo con ellos pero después irá dando largas causando problemas a la hora de implementarlos.

¿No tienes claro si eres esa enfermera? ¿Eres respetuosa cuando no estás de acuerdo con alguien? ¿Eres rencorosa? Pregúntate cómo reaccionas a las nuevas ideas. ¿Eres receptiva? ¿Te entusiasma probar y aprender cosas nuevas? ¿Cómo te sientes cuando tienes que probar algo con lo que no estás 100 por cien de acuerdo? Si crees que podrías ser así, intenta centrar tus esfuerzos en tener un enfoque más positivo ante los problemas, en lugar de quitarles importancia inmediatamente.

3. “¡Tenía la intención de hacerlo!”

¿Eres organizada o te pasas buena parte del tiempo intentando descifrar qué tienes que hacer, cuándo se supone que tienes que hacerlo y cómo? Ser desorganizada no solo hace que te atrases en tu trabajo. Puede afectar al cuidado de los pacientes y a tus compañeros de trabajo, que quizás no pueden hacer su trabajo de manera efectiva. Por ejemplo, la enfermería requiere trabajo en equipo, lo que significa que os tenéis que ayudar mutuamente. Si eres desorganizada entonces no puedes ayudar a las otras enfermeras y puede que ellas dediquen más tiempo del que se pueden permitir intentado ayudarte. En cuanto a los pacientes, su cuidado puede verse comprometido si te olvidas de hacer algo, retrasas un tratamiento o pasas por alto algo que puede ser importante.

Para la gente organizada es muy fácil decirles a los desorganizados que se organicen mejor, pero tienen más utilidad los consejos y la ayuda como:

  • Identifica y prioriza tus tareas.
  • Escribe todo lo que tienes que hacer.
  • Antes de empezar, organiza los suministros que vas a necesitar para cada una de esas tareas.
  • Si constantemente te olvidas de algún suministro o instrumento, haz una lista con tus tareas y los suministros e instrumentos que necesitas para cada una de ellas. Tenlo apuntado en una libreta que llevarás siempre contigo mientras trabajas.
  • Pídele ayuda a una enfermera más organizada que tú.

4. Dejadez

La enfermería es un campo donde la precisión es muy importante. No hay margen para el error y mucho menos para la dejadez. La dejadez a la hora de hacer los historiales puede perjudicarte si en un futuro hay una demanda o causar malos entendidos cuando alguien repasa las anotaciones de la enfermera para conocer el progreso de un paciente. La dejadez cuando informas puede hacer que la enfermera entrante no reciba toda la información necesaria y le falten datos cruciales. Ser descuidada en los procedimientos, por ejemplo al cambiar los vendajes, podría derivar en infecciones empeorando la situación. Tal y como ves, la dejadez no puede tolerarse.

Si crees que estás dentro de esta categoría, tienes que mejorar. La dejadez normalmente se debe a una de estas dos cosas: pereza o desorganización. Ambas tienen solución, pero tienes que poner esfuerzo de tu parte.

5. Comprobar constantemente tu email y tus mensajes mientras trabajas

El trabajo es el trabajo y tu vida social no debería formar parte de él. En las instalaciones donde se prohíbe el teléfono, no escondas uno en tu bolsillo y compruebes tus mensajes cuando estás en la habitación del paciente o en la habitación de suministros. Y cuando utilices los equipos informáticos del centro, utilízalos solo para trabajar no para cosas personales, a no ser que tengas permiso explícito para hacerlo.

Si es imprescindible que compruebes tus mensajes cuando estás en el trabajo, hazlo durante los descansos. Si no es posible hacer un descanso entonces deberías hablar con la enfermera coordinadora y llegar a algún tipo de acuerdo.

Si solo compruebas tus mensajes por hábito, deja el teléfono en tu taquilla o en el bolso. Si no lo llevas encima evitarás la tentación.